Especialistas en salud mental han alertado desde hace mucho sobre el uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes. Sin embargo, la supresión abrupta puede generar impactos similares.
La recomendación de una especialista no es prohibir de golpe, sino reducir el tiempo de forma gradual, porque los cortes bruscos suelen provocar ansiedad, resistencia y conflictos dentro de la familia.
El problema no se limita al tiempo frente al dispositivo, sino al tipo de estímulo: contenidos intensos, recompensas inmediatas y dinámicas como el scroll infinito, que refuerzan el hábito.
Entre las señales de alerta para comenzar a limitar el tiempo están la irritabilidad cuando se limita el acceso, la pérdida de interés por actividades no digitales y dificultades para regular emociones; por eso también se insiste en que los adultos revisen sus propios hábitos y pongan reglas coherentes en casa.
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